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Las criptodivisas y la separación moneda-Estado

Criptos
Si somos los agentes del mercado los que validamos el uso de una divisa determinada, qué tal si nosotros mismos formalizamos nuestra propia moneda sin que haya intervención de los gobiernos??  Así nacen las criptodivisas. Bitcoin, la más popular, es una moneda descentralizada que nació de la innovación tecnológica, no está controlada por nadie ni por nada, ni siquiera por su creador.

En la entrada anterior hablamos de la oportunidad que representa Bitcoin y las criptodivisas en el marco de las sanciones impuestas a Rusia y en esta ocasión vamos a explicar por qué las monedas digitales plantean una economía futurista que antes era difícil de imaginar y como blockchain, su sustento tecnológico, cambiará para siempre el rol que el Estado juega en nuestra vida, porque, amigos, pensar que blockchain es solamente bitcoin es lo equivalente a pensar que internet es solamente Instagram.  

Vayamos por partes, como su nombre lo indica, bitcoin (o cualquier cripto) es una moneda, con ella podemos adquirir bienes y servicios, normal. Lo diferente radica en que es digital y descentralizada y acá es donde comienzan las preguntas: ¿Qué es una moneda? ¿Qué es el dinero? ¿Por qué puedo pagar con un billete de López Michelsen pero no con uno del Tío Rico Mc Pato? y lo que es aún más importante ¿Qué le da valor a la plata?

Para comenzar, debemos interpretar la plata como una institución del mercado. El economista Carlos Bondone lo define como: “el medio de intercambio indirecto que podrá ser un activo real o un activo financiero”. El real es aquel cuyo valor es intrínseco, propio del bien en cuestión y durante muchos años el dinero pertenecía a esa categoría ya que los billetes estaban respaldados por oro. 

¿Y qué le daba valor? Según Carl Menger, el valor es una interpretación única e individual que cambia dependiendo de escenarios y circunstancias. Por consiguiente, el patrón oro no era válido porque este recurso fuera, per sé, valioso, sino que era la misma colectividad la que le concedía ese estatus, pero así como en Mesopotamia se empleaba la cebada o el cobre como medio de intercambio, perfectamente podía ser otro bien distinto. Es decir que el mercado se encarga de valorar ese medio al aceptarlo generalizadamente. 

Para muchos el respaldo en oro era un escenario ideal, ya que este recurso limitado establece un techo en la cantidad de moneda, lo que se traduce en estabilidad para la economía y para la percepción de valor que la gente tiene sobre el dinero. Esta corriente de pensamiento se llama Metalismo y defiende la idea de que la validez de la divisa la otorga el mercado al ser un bien tan líquido que con facilidad se convierte en otros bienes o servicios y apareció para simplificar el trueque, abaratando sus costos y permitiendo cuantificar la percepción de valor, deuda y patrimonio. 

Del otro lado está su corriente opuesta, los Chartalistas. Ellos se mofan de la percepción metalista del dinero y consideran que es el Estado quien le da validez a la plata al aceptarla como tributación. Para estas personas, el dinero es un bono de deuda que el contribuyente tiene con el Estado y esto convierte a la moneda en un activo financiero, un título contable mediante el cual un individuo adquiere el derecho de recibir un ingreso futuro y su depreciación sólo ocurriría si disminuyera su oferta por la falta de solvencia de su emisor, contrario a lo que pasaría con un activo real donde la cantidad exagerada terminaría por afectar su valor. 

Evidentemente la teoría chartalista se convirtió en la favorita del político. Esta percepción concebida por la Teoría Monetaria Moderna, ofrecía un escenario en donde el Estado nunca quebraría ya que ante la necesidad de crear puestos, incentivar la economía o pagar la deuda basta con imprimir más billetes, al ser un “activo financiero” qué sería lo peor que podría pasar? Desde 1971 abandonamos como humanidad el patrón oro para dar a luz a la “moneda fiat” o moneda por decreto, es decir que el billete de $5.000 que cargas en la billetera vale $5.000 no porque esté respaldado, sino porque el Estado dice que vale $5.000 y punto. 

Es cierto que la moneda fiat es un activo financiero, carece de valor intrínseco más allá del que le otorgue el papel en el que se imprimió, pero analicemos esto desde dos ópticas: la primera es que el Estado carece de omnipotencia para imponer la legitimidad de la moneda, ni siquiera exigiéndola como medio de tributación, ya que vuelve a ser la gente la que decide si acogerla o no. Piénsalo así, tu no puedes pagar impuestos con dólares, ¿sin embargo aceptarías que yo te comprara una camiseta de “la Sele” en dólares? 

Y la segunda es que si bien el dinero fiat no es un activo real, al equiparar su valor al de otro bien que sí lo sea (ya que con este podríamos adquirirlo), debemos evaluarlo como tal y esto lo vuelve vulnerable ante la depreciación, que significaría una cantidad exagerada del mismo -lo que comúnmente conocemos como inflación-, siendo este el defecto más grave del dinero moderno. Entonces ¿por qué no pensar en una separación moneda-Estado? Si somos los agentes del mercado los que validamos el uso de una divisa determinada, qué tal si nosotros mismos formalizamos nuestra propia moneda sin que haya intervención de los gobiernos?  

Pues así nacen las criptodivisas. Bitcoin, la más popular, es una moneda descentralizada que nació de la innovación tecnológica, no está controlada por nadie ni por nada, ni siquiera por su creador. Como jamás existirán más de 21 millones de bitcoins, es un activo real inmune a la inflación y somos nosotros mismos los encargados de darle o quitarle valor en lo que economía se conoce como un “orden espontáneo”. 

Sin control ni censura, con bitcoin las transacciones son anónimas y nadie se entera de lo que compres, contrario a lo que pasa con los movimientos financieros de hoy, en Colombia esto puede sonar irrelevante, pero en Cuba, Corea del Norte o Rusia tal vez no tanto. Bitcoin vuelve obsoleto el monopolio monetario del Estado y también todas las intermediaciones porque blockchain funciona como un libro contable público e inalterable en donde es la comunidad quien valida las transferencias, comprueba la disponibilidad de fondos y avala los traspasos. Todo sin saber quién es quién, la gente no se entera que Marcos le pasó a Damián 2 bitcoins sino que un código impronunciable le pasó a otro esa cantidad, las personas saben cuanta plata hay en la cuenta de Marcos pero sin saber qué es la cuenta de Marcos. 

¿Te das cuenta de lo que esto significa? Estamos hablando del fin de la jerarquización tal y como la conocemos. La gente siempre ha necesitado entidades que le den el visto bueno a su actuar y si mañana quieres comprar una casa, te garantizo que mañana no la vas a tener porque tendrías que ir a una notaría, hablar con un registrador de la propiedad, luego un abogado y bueno, es un proceso tedioso pero también carísimo por toda la intermediación. Pues bien, con blockchain esta transacción sería como pedir una pizza a domicilio, inmediata. La comunidad se entera que la casa cambió de dueño, qué se hizo el pago y ya está. Estas modificaciones quedan públicas e inviolables en la cadena de bloques, donde no solo estaría concebido el dinero sino también todo el patrimonio de la gente, incluso sus acciones o sus derechos de autor y es el conocimiento consensuado lo que valida cada movimiento que se realice.

Te volvemos a preguntar entonces, ¿aceptarías un pago en criptodivisas a cambio de tu producto/servicio?