Para hablar de la innovación como oferta de valor, primero debemos entender que una oferta o propuesta de valor define el por qué un consumidor o cliente escoge los productos o servicios de una marca o empresa, pues esta establece lo que hace diferente y único a un modelo de negocio.

Luego de entender este concepto, se puede asumir que definitivamente, en la búsqueda de generar y evidenciar una diferenciación que pueda ser percibida como algo importante, necesario y “valioso” para un cliente, la innovación puede ser la respuesta que establezca ese carácter diferenciador. Sin embargo, la innovación en sí misma no se convierte en una oferta de valor, pues la innovación es un proceso que busca encontrar soluciones disruptivas a situaciones complejas o problemas que se han abordado siempre desde la misma óptica y puede ser aplicado en diferentes escenarios de una compañía. Por este motivo, la innovación funciona como una herramienta a través de la cual un negocio puede encontrar la forma de darle a un cliente una idea clara, concreta, honesta y comprensible del por qué un producto o servicio puede ser relevante para él.

Como lo definimos en la entrada “Bienvenidos al estado de Innovación”, así como la calidad dejó de ser eso que se ofrece como algo único y diferente pasando a ser parte irrenunciable del quehacer en todos los negocios, la innovación también se convierte en ese aspecto que todas las empresas deben implementar en cada acción corporativa, pues en el contexto actual del mercado existen muchas ofertas similares y no basta con decir que el negocio ofrece innovación, es necesario hacerla evidente en los productos y servicios para poder construir una propuesta de valor diferencial, que efectivamente pueda ser percibida por los consumidores como algo que a la competencia le cueste trabajo igualar.

Es así como la innovación ayuda a definir, desarrollar y consolidar esa propuesta de valor que se verá materializada en los servicios o productos ofrecidos por una compañía. La innovación también permea ámbitos como el marketing y las comunicaciones, las relaciones públicas y otros aspectos organizacionales que pueden encontrar oportunidades de mejora siguiendo metodologías para poder percibir la innovación, pues esta no se hace evidente solo por mencionarla en los discursos corporativos.

La innovación se asume como una oferta de valor cuando se aplica, cuando a través de ella se mejoran los procesos que pueden responder de mejor forma a la experiencia del cliente, cuando logramos sorprender positivamente a las personas a través de productos y servicios con aspectos diferenciales y que generan impacto en la sociedad. Cuando la innovación deja de ser una propuesta y se hace realidad, se convierte en una oferta de valor.


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