La IA se ha extendido en todo el mundo, en menos tiempo de lo que cualquier tecnología se había podido adherir a la vida de las personas. Tanto así que, la vemos implantada en aplicaciones, electrodomésticos y otras aplicaciones que hace un tiempo nadie se hubiera podido imaginar.
La IA se ha extendido por todo el mundo más rápido que cualquier otra tecnología en la historia. Se ha integrado tanto en nuestro día a día que ya la encontramos en aplicaciones y electrodomésticos que antes ni imaginábamos; básicamente, está en todas partes. Esto tiene un gran impacto cultural en cosas tan simples como buscar información en internet o chatear con alguien. Al mismo tiempo, influye en otras áreas de nuestra vida porque se mezcla de forma tan natural que a veces nos cuesta darnos cuenta que la estamos usando.
Es necesario hablar de este tema, ya que casi todos hemos escuchado a alguien, o a nosotros mismos, pedirle consejos a la inteligencia artificial sobre cuestiones personales, de estudio o de trabajo. Al volver esto algo cotidiano, cada charla que tenemos queda guardada en el sistema, así, la tecnología aprende cada vez más sobre quiénes somos, qué nos gusta, qué deseamos y qué necesitamos, para luego empezar a replicar una enorme cantidad de contenido inundando la internet.
Esta creencia absurda en todo lo que la IA diga o genere, es algo que ni siquiera los propios modelos recomiendan hacer, pero que, lo seguimos haciendo y que no siempre trae consecuencias positivas. Aunque lo lógico sería ser precavidos, muchas empresas hacen lo contrario y lanzan productos que nos vuelven más dependientes. Esto revive el eterno debate: cómo nuestros datos terminan en manos de grandes corporaciones para asegurar que nunca dejemos de usar sus servicios.
Monopolio de los componentes tecnológicos
Este dominio del mercado resulta más preocupante si consideramos los rumores recientes sobre empresas como OpenAI, que ha intentado abarcar distintos sectores, desde la intención de compra de Pinterest hasta el acaparamiento de una gran parte de la producción mundial de memoria RAM. Esto ha forzado a los fabricantes a priorizar las ventas a grandes corporaciones por encima de los consumidores comunes, dificultando la libre competencia debido al aumento de precios en las piezas tecnológicas que llegan al público. Este fenómeno se nota en los precios excesivos de las tarjetas gráficas (GPU) impulsados por la minería de criptomonedas y en la amenaza de que suba el costo de discos duros SSD.
Todas estas decisiones afectan a las personas sin que lo noten, ya que provocan un alza tanto en las piezas sueltas como en productos finales: teléfonos, relojes inteligentes y computadoras. A esto se suman las inversiones millonarias de casi todas las grandes firmas tecnológicas, que compiten por comprar los mejores componentes para liderar el desarrollo de la Inteligencia Artificial, como es el caso de Micron, Google, Nvidia.
Cuestionamientos éticos en la era de la IA
Todas las semanas aparecen nuevos artículos hablando sobre IA, en donde ocurren comportamientos inesperados y poco éticos. Un ejemplo claro es la libertad que ofrece el modelo Grok para crear imágenes falsas hiperrealistas (deepfakes) a partir de cualquier foto, sin restricciones para crearlas o compartirlas. Esto agudiza la problemática de la sociedad contemporánea sobre la masividad de la información falsa y el uso de datos para fines más allá del entretenimiento. Si antes del uso masivo de IA ya habían escándalos como el de Cambridge Analytics y Facebook, ahora estos problemas serán más complicados de detectar y juzgar, lo que muestra un paso más allá en la era de la posverdad, donde distinguir lo que es real de lo que es mentira es casi imposible.
Personas vs inteligencia artificial
La IA también ha transformado el trabajo de miles de personas. Más allá de hacer que las grandes empresas sean más eficientes o de cambiar las tareas de un puesto específico, la inteligencia artificial ahora influye en cada paso que da una persona para postularse a un empleo y ser contratada. Según un estudio de la Universidad de Washington, el 99% de las empresas de la lista Fortune 500 ya usan IA para examinar a los candidatos y decidir quién encaja mejor. Al mismo tiempo, los solicitantes están usando herramientas digitales para intentar destacar. En general, esto altera el proceso de selección y cambia las oportunidades reales que tienen las personas para encontrar trabajo hoy en día.
Sin darnos cuenta, es posible que ya estemos en una era donde la tecnología toma decisiones fundamentales por nosotros, lo que se traduce en grandes avances tecnológicos entrando en nuestra vida diaria con una velocidad e impacto asombrosos. En un mundo donde acceder a tecnologías tan avanzadas como la inteligencia artificial es cada vez más sencillo, es urgente detenerse a pensar en la importancia de nuestra información personal y cómo se utiliza.
¿Estamos dispuestos a que nuestros datos, preguntas, ideas u opiniones se usen para seguir alimentando y perfeccionando el conocimiento de las grandes empresas tecnológicas? Si la respuesta es no, es el momento de cuestionar los servicios que usamos y el contenido que vemos. Pero si vamos a continuar con este viaje de exploración y uso de la inteligencia artificial, es importante tomar responsabilidades frente al papel de los datos en donde la productividad debe ir acompañada de la ética y así construir procesos más rápidos sin dejar de lado la esencia humana.
Diego Rodríguez
Desarrollador Digital de Innovación de AECSA

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