La temporada decembrina es, por tradición, el momento de mayor dinamismo para el consumo en Colombia. Regalos, cenas, viajes y celebraciones se convierten en un fenómeno económico que activa la economía, pero también pone a prueba la salud financiera de los hogares.
El espíritu de regalar y compartir, muchas veces se traduce en gastos por encima de los ingresos, impulsados por emociones, expectativas sociales o la percepción de “merecerlo”. Detrás de esa euforia existe un patrón constante; el consumo emocional que, si no se gestiona con planificación, puede convertirse en una deuda difícil de sostener en el futuro.
Históricamente, diciembre concentra uno de los picos más altos de gasto en el país. La prima de servicios funciona como motor temporal de liquidez, pero también como fuente de financiamiento. Diversos estudios financieros muestran que el aumento del saldo de cartera de consumo en diciembre no es, por sí mismo, el problema. La verdadera alerta se presenta en los meses posteriores, cuando la liquidez de la prima se agota y los compromisos adquiridos superan la capacidad de pago.
El resultado: una tasa de morosidad que suele repuntar en el primer trimestre del año.
Enero suele ser el mes del “despertar de las deudas”. Tras el gasto intensivo de diciembre, muchos hogares enfrentan un inicio de año con obligaciones fijas —impuestos, matrículas, servicios— y una menor disponibilidad de efectivo.
El saldo pendiente de las compras decembrinas alcanza su punto máximo al cierre de enero, marcando el pico del ciclo estacional de endeudamiento. En otras palabras, aunque la prima ofrece un alivio temporal, la mayoría de los pagos no logran compensar el gasto total financiado durante la temporada navideña. Esto explica por qué las cifras de morosidad tienden a elevarse entre febrero y marzo.
La magnitud de este fenómeno varía según el contexto económico: en años de inflación alta o desempleo, el endeudamiento tiende a aumentar; en épocas de mayor estabilidad laboral, se observa una moderación en el uso del crédito, especialmente el de tarjetas.
La respuesta frente a los días en mora
El comportamiento ante la mora suele estar mediado por factores emocionales y psicológicos. Muchos consumidores optan por aplazar pagos, priorizando las necesidades básicas o esperando nuevas fuentes de ingreso, por lo que este tipo de decisiones suelen prolongar la carga de la deuda y aumentar los costos financieros.
En general, la respuesta ante el endeudamiento posterior a diciembre combina dos sentimientos: culpa y resignación. La primera impulsa a ajustar el gasto; la segunda, a posponer soluciones. Ambas pueden gestionarse mejor si se aborda el crédito como una herramienta estratégica y no como un salvavidas temporal.
De la reacción al control: entender la deuda
Endeudarse no es sinónimo de error; el desafío está en hacerlo con conciencia y planificación. Algunas prácticas pueden ayudar a equilibrar la balanza durante la temporada:
Más allá de las fórmulas, la clave está en la gestión consciente de la deuda: preguntarse no solo “¿puedo pagarlo?”, sino “¿vale la pena endeudarme por esto?”. Las deudas no son un problema en sí mismas; se transforman en una carga cuando pierden su propósito dentro del sistema financiero, del cual hacen parte tanto entidades como consumidores. En esencia, el crédito es una herramienta de desarrollo que impulsa tanto el crecimiento individual como el dinamismo económico del país.
Desde AECSA reconocemos la responsabilidad que asumimos como aliado estratégico de las principales entidades financieras, participando activamente en la construcción de un ecosistema más sólido, sostenible y consciente del impacto que tiene la gestión del crédito en la economía nacional. Nuestro compromiso es aportar conocimiento, análisis y soluciones que fortalezcan la toma de decisiones dentro de la industria, promoviendo prácticas financieras que garanticen estabilidad, confianza y crecimiento mutuo.