Durante la última década, el mundo empezó a hacerse preguntas incómodas pero necesarias. ¿Cómo crecemos sin agotar lo que nos sostiene? ¿Cómo avanzamos sin dejar a nadie atrás? ¿Qué tipo de progreso queremos dejar en manos de las próximas generaciones?
Ese cuestionamiento colectivo abrió espacio a una conversación global donde la sostenibilidad tomó protagonismo para convertirse en un pilar imposible de ignorar. Empresas, gobiernos y comunidades entendieron que cualquier progreso duradero exige equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental.
En ese cambio de mentalidad, el sector financiero empezó a reconocerse más allá de su función tradicional de mover capital. Su labor sigue siendo crucial, pero comprendieron que también tienen en sus manos la capacidad de orientar recursos hacia iniciativas que abren caminos hacia al desarrollo enfocado en el triple impacto.
Dedicarle tiempo a este compromiso implicó alcanzar acuerdos internacionales, establecer metas comunes y compartir una visión sobre el impacto que puede generar un sistema financiero enfocado en la creación de valor real. Hoy, pensar en sostenibilidad sin considerar a los bancos es dejar por fuera a uno de los actores más influyentes en la economía y en la vida de millones de personas.
La sostenibilidad bancaria se ha convertido en el centro de las decisiones financieras a largo plazo, como administrar riesgos ambientales, sociales y de gobernanza, las cuales requieren la misma atención que la rentabilidad del negocio.
Este compromiso se refuerza mediante alianzas internacionales, como la colaboración con la ONU y los bancos (internacionales, públicos y privados), que establecen estándares globales para prácticas responsables. Se trata de ir más allá del cumplimiento de objetivos y de integrar la sostenibilidad en la manera en que se financia el mundo.
Los bancos coinciden en que alcanzar los ODS y las metas del Acuerdo de París exige decisiones alineadas con seis principios estratégicos de manera que el crecimiento económico vaya acompañado de impacto positivo:
De esta manera, la banca demuestra que puede ser sólida y sensible al mismo tiempo, rentable y responsable, un motor económico y un actor de transformación social. Los bancos desempeñan un rol clave en la vida cotidiana y en la construcción de sociedades más equitativas. Cada préstamo, inversión o línea de crédito activa un ecosistema completo al permitir el crecimiento empresarial, la financiación de proyectos sostenibles y la implementación de políticas de desarrollo por parte de los Estados.
En AECSA, como Empresa B, buscamos un impacto real y medible, alineándonos con los principios de responsabilidad bancaria y los estándares internacionales que guían a nuestros principales aliados. Sabemos que un entorno sostenible se construye con decisiones coherentes, en colaboración con todos los actores del ecosistema financiero.